BIOETICA EN LATINOAMERICA

En los países latinoamericanos deben formarse nuevos profesionales en las diversas disciplinas, que promuevan la cultura de la interculturalidad, que sean mediadores entre grupos sociales con culturas distintas y que sean también gestores del patrimonio cultural, con la capacidad de comprender a las diferentes culturas que se preparan para dialogar, de abrir horizontes de comprensión mutua, en un marco de respeto y de tolerancia, para mediar asi entre diferentes grupos, para ayudar a encontrar orientaciones para la solución pacífica de conflictos, y sobre todo para el desarrollo de proyectos comunes. La Bioética está llamada también en Latinoamérica a promover el desarrollo económico, social y cultural de los pueblos, mediante el optimo desarrollo de un conocimiento con conciencia, aprovechando tanto los conocimientos y las formas de intervención en la naturaleza y la sociedad a este respecto el profesor León Olivé (2006) plantea lo siguiente: “Latinoamérica está llamada a promover las ciencias y las tecnologías modernas, tanto como a impulsar el aprovechamiento de los conocimientos tradicionales, se debe disfrutar de las condiciones adecuadas para generar ella misma conocimiento y para decidir qué tipo de conocimiento y qué tipo de tecnologías quiere, ejerciendo plenamente su autonomía”.

De ahí pues que sea fundamental un proyecto humano viable, que debe basarse en una autentica actitud pluralista, basada en la búsqueda de las condiciones para la convivencia armoniosa.

Es bueno igualmente mencionar como en muchos de los países Latinoamericanos ha existido una tentación legalista en el campo de la Bioética, especialmente en lo que tiene que ver con el discurso social, pues hay la idea en muchos que cuando existe una ley, el problema que la origino queda zanjado y la situación totalmente regulada, pensar así es creer desafortunadamente que la Bioética se reduce a meras normas jurídicas, esto no quiere decir caer en una anarquía, pues es de esperar que en cualquier sociedad civilizada existan puntos de vista discrepantes sobre variedad de materias. Ni las creencias ni las normas pueden resolver los conflictos. Es ahí donde empieza el diálogo alimento y fuente del pluralismo, que es la pluralidad social asumida y aceptada. A través del diálogo es como la Bioética contemporánea se hace parte del esfuerzo transdisciplinario que supone articular y administrarlos conocimientos que las ciencias ponen al servicio de las comunidades humanas. Creo que en este aspecto es bueno mencionar lo que desde el año 2002 viene haciendo la OPS, en su programa regional en Amèricalatina, la recopilación y análisis comparativo de la legislación pertinente y la reflexión anticipada sobre las consecuencias de las tecnologías. En ambos campos, el Programa trabaja asociado con el Programa de Legislación en Salud, también perteneciente a la División de Salud y Desarrollo Humano, donde se encuentran los especialistas en materia jurídica, económica, social, educativa etc. Esta colaboración es una muestra del espíritu de integración que preside el trabajo de OPS en pro de la salud de los pueblos de América y el Caribe. De ahí pues que todos los que en Americalatina nos interesamos en la bioética, debemos ser cultores no solamente tolerancia y real aprecio del pluralismo lo que supone también respetar y mejorar las instituciones sociales en las cuales se corporiza el discurso bioético, trabajar por lograr acuerdos y limar desacuerdos, tener la necesaria modestia para reconocer limitaciones y yerros y, también, colaborar en el plano internacional con honestidad y entusiasmo

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CONCLUSIONES

Mayor comunicación y diálogo mutuo entre los pueblos, con diferentes perspectivas, será no solamente necesario, sino una exigencia, en el sentido de ofrecer una comprensión más profunda de cada cultura y mejores soluciones para los problemas y dilemas críticos similares. Las personas de diversas regiones y culturas pueden trabajar para integrar las diferencias sociológicas, históricas y filosóficas y algún día, quién sabe, generar un conjunto de directrices y valores éticos, respetuosos y coherentes, en el que las personas religiosas y no religiosas (seculares) pueden igualmente participar.

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